Comunión plenaria



Los nervios se me adhieren
al barro, a las paredes,
abrazan los ramajes,
penetran en la tierra,
se esparcen por el aire
hasta tocar el cielo.

El mármol, los caballos,
tienen mis propias venas.
Cualquier dolor lastima
mi carne, mi esqueleto.
¡Las veces que me he muerto
al ver matar a un toro!...

Si diviso una nube
debo emprender el vuelo.
Si una mujer se acuesta
yo me acuesto con ella.
Cuántas veces me he dicho
¿seré yo esa piedra?

Nunca sigo a un cadáver
sin quedarme a su lado.
Cuando ponen un huevo
yo también cacareo.
Basta que alguien me piense
para ser un recuerdo.

Oliverio Girondo
Persuasión de los días

Imagen tomada de aquí

4 comentarios:

Loruka dijo...

Qué poema más empático. A veces sucede eso: reírse mucho con alegrías ajenas o llorar un buen resto por penas extrañas. A mí al menos me pasa y más seguido de lo que debiera. "Lo mío es una triste enfermedad", ja.

ariadna dijo...

verdad, yo también padezco de esa misma enfermedad Loruka.
Girondo es de mis preferidos contrabandista, me chiripitiflauta,gracias por este rescate. es quizá "demasiado humano"?

Nobody's boy dijo...

Qué poema. Buscaré más de Oliverio Girondo. Gracias, gracias :) (y felices fiestas y todo eso, y mejor año, y un abrazo).

juan antonio dijo...

Qué bien. Me alegra que comulguemos todos con Girondo. Un abrazo y feliz entrada y salida (este chiste tan viejo siempre me hizo mucha gracia, no puedo remediarlo).