
Por las marismas de Huelva,
por las marismas,
compañerita,
que la tarde se va vacía.
La desolada en el auto,
fija y enferma,
compañerita,
y en el auto y a más de ochenta.
Y un segador con su asno
ciego de polvo,
compañerita,
que se va hacia los cerros blancos.
Y de la radio del auto,
por las marismas,
compañerita,
los jirones de algún fandango,
que dice "¿Pa qué las prisas,
compañerita,
pa qué las penas,
si ella sola se va la vida?"





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